02/05/2026
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Lo que la prohibición global de la calefacción de gas en inmuebles nuevos va a cambiar

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El Primer ministro Sébastien Lecornu anunció el viernes la prohibición de la calefacción de gas en todas las construcciones nuevas desde finales de año: viviendas individuales, colectivas y edificios terciarios. Esta medida tiene como objetivo reducir la dependencia de las energías fósiles en un sector que representa una parte importante de las emisiones de CO2. Dos millones de viviendas sociales deberán abandonar el gas antes de 2050, con una duplicación de las ayudas a la electrificación elevadas a 10 mil millones de euros al año.

La prohibición del gas extendida a todos los edificios nuevos

Una medida que entra en vigor rápidamente

Sébastien Lecornu hizo este anuncio desde Matignon el viernes. Desde finales de año, la instalación de calderas de gas estará prohibida en todas las construcciones nuevas. La prohibición, que ya concernía a las casas individuales, se extiende ahora a las viviendas colectivas, a las oficinas, a los comercios y a los almacenes.

Sobre el terreno, esta generalización marca un punto de inflexión. Los promotores y constructores deberán adaptar todos sus proyectos en curso.

Las cifras de la calefacción en Francia hoy

Según el Insee, el 36% de las residencias principales se calientan con electricidad. El gas natural equipa el 35% de las viviendas, el gasóleo el 8,5%.

En el parque social, la situación es diferente. El 55% de las viviendas sociales funcionan todavía con gas. El objetivo fijado por el gobierno: cero viviendas sociales con gas antes de 2050, es decir dos millones de unidades a convertir.

Por qué esta prohibición ahora

Reducir la dependencia de las energías fósiles

El Primer ministro lo dijo claramente: «Mientras dependamos del petróleo y del gas, seguiremos pagando el precio de las guerras de otros». La frase resume el desafío.

La calefacción de gas y de petróleo sigue siendo la principal fuente de emisiones de CO2 del sector residencial. Al cortar el gas en lo nuevo, el gobierno busca reducir estas emisiones y asegurar el abastecimiento energético nacional.

Es una cuestión de soberanía tanto como de clima.

Un contexto geopolítico tenso

Los precios del gas fluctúan en función de las tensiones internacionales. La dependencia de las importaciones hace a los hogares y a las empresas vulnerables a estas variaciones. La prohibición del gas en lo nuevo se inscribe en esta búsqueda de autonomía energética.

Las soluciones de reemplazo privilegiadas

La bomba de calor como alternativa principal

El gobierno apuesta por la electrificación de los usos. Según él, el 80% de las casas individuales son compatibles con una bomba de calor.

En la práctica, todo depende del aislamiento del edificio y de la potencia del contador eléctrico. Una bomba de calor bien dimensionada en una casa reciente correctamente aislada puede dividir la factura de calefacción por tres. Pero en un edificio mal aislado con una red de radiadores antiguos, el rendimiento baja y el consumo eléctrico sube.

Antes de considerar una bomba de calor, verifique dos cosas: el aislamiento térmico de su vivienda y la capacidad de su instalación eléctrica. Un abono subdimensionado puede provocar cortes en pleno invierno.

Los desafíos de la vivienda colectiva

Instalar una bomba de calor en una comunidad de propietarios es otro cantar. Las restricciones técnicas son más pesadas: espacio para las unidades exteriores, acuerdo de la comunidad, adaptación de la red de distribución de calor.

Varias asociaciones especializadas, entre ellas el Cler, han llamado a un enfoque más global. Recomiendan acoplar el reemplazo de la calefacción con trabajos de aislamiento térmico. Sin eso, cambia el modo de producción pero no reduce realmente la factura.

El plan de financiación del gobierno

Duplicación de las ayudas a la electrificación

El presupuesto dedicado a las ayudas pasa de 5,5 a 10 mil millones de euros al año. Estas ayudas se dirigen a los particulares y a los arrendadores sociales que abandonan el gas por soluciones eléctricas o renovables.

El gobierno mantiene este presupuesto a pesar de las restricciones presupuestarias y un déficit público del 5% del PIB.

Una financiación por reorientación de los gastos

Sébastien Lecornu precisó que no se trata de dinero público adicional. La financiación proviene de una reducción de los gastos energéticos fósiles y de una reorientación de los fondos existentes.

El gobierno cuenta también con movilizar los certificados de ahorro de energía y solicitar más financiaciones privadas. Sobre el papel, funciona. Sobre el terreno, habrá que ver si los montos anunciados llegan realmente hasta los hogares.

Los impactos concretos para los diferentes actores

Para los promotores y constructores

Los proyectos de construcción en curso deberán revisar sus planes de calefacción. En algunos casos, es un simple ajuste. En otros, especialmente para los edificios colectivos, implica repensar toda la instalación.

Habrá un sobrecoste a corto plazo. La cuestión es saber quién lo soporta: el promotor, el comprador o ambos.

Los equipos deberán también formarse en las nuevas instalaciones. Instalar una bomba de calor colectiva no es lo mismo que colocar una caldera de gas.

Para los arrendadores sociales

Dos millones de viviendas a convertir antes de 2050, eso representa una obra colosal. Los arrendadores sociales van a tener que planificar estos trabajos durante varias décadas y priorizar los edificios más consumidores de energía.

Tendrán acceso prioritario a las ayudas públicas, pero deberán también gestionar el impacto sobre los gastos de los inquilinos. Una conversión mal hecha puede hacer subir las facturas de electricidad sin reducir el consumo global.

Para los particulares que compran nuevo

Si compra una vivienda nueva, ya no tendrá elección del modo de calefacción. Será eléctrico, madera o red de calor urbana. El gas desaparece.

Concretamente, esto significa una dependencia aumentada de la red eléctrica. Si su vivienda está bien aislada y la bomba de calor está correctamente dimensionada, la factura seguirá siendo razonable. Si el aislamiento es medio, corre el riesgo de ver sus consumos eléctricos aumentar en invierno.

El aislamiento térmico se convierte por tanto en un criterio determinante en el momento de la compra.

Las cuestiones técnicas pendientes

La capacidad de la red eléctrica

Si millones de viviendas cambian a calefacción eléctrica, la demanda en invierno va a aumentar. La red eléctrica deberá encajar esta subida, especialmente en las horas punta.

En ciertas zonas, habrá que reforzar la red. Eso lleva tiempo y dinero. El gobierno fomenta también el desarrollo de las energías renovables para sostener esta subida de carga.

El caso de los edificios existentes

La prohibición concierne solo a lo nuevo. Si tiene una caldera de gas en una vivienda antigua, no está obligado a reemplazarla.

Sin embargo, el IVA reducido al 5,5% sobre las calderas de gas de muy altas prestaciones ha sido suprimido. La tasa pasa al 20%. Es una señal: el gobierno quiere desalentar progresivamente el gas, incluso en lo antiguo.

Las ayudas se concentran ahora en las bombas de calor y las calderas de madera.

Lo que cambia concretamente sobre el terreno

En los próximos seis meses

Hasta finales de año, todavía es posible instalar calderas de gas en las construcciones nuevas. Se puede esperar una última carrera sobre los proyectos en curso de finalización.

Los Documentos Técnicos Unificados van a ser adaptados para integrar esta prohibición. Los instaladores deberán formarse masivamente en las alternativas, especialmente en las bombas de calor.

Los sectores todavía confusos

Subsisten algunas zonas grises. ¿Cómo tratar los edificios mixtos, que combinan viviendas y comercios? ¿Qué pasa con las extensiones de edificios existentes? ¿Y para las obras ya lanzadas, qué plazos de puesta en conformidad?

La articulación con las redes de calor urbanas queda también por precisar. Estas redes, alimentadas por geotermia o biomasa, son fomentadas por otra parte. ¿Están concernidas por la prohibición del gas? Normalmente no, pero los textos deberán aclararlo.

Las reacciones del sector

Asociaciones ambientales y energéticas

El Cler y otras asociaciones llaman a un enfoque más completo. Cambiar el modo de calefacción sin trabajar sobre el aislamiento es pasar por alto el problema. Piden un acompañamiento reforzado de los hogares para evitar malas sorpresas.

La demanda es legítima. Sobre el terreno, he visto demasiadas bombas de calor instaladas en coladores térmicos. Resultado: la factura de electricidad explota y el confort sigue siendo mediocre.

Profesionales del edificio

Los artesanos e instaladores van a tener que adaptarse rápido. Muchos tienen la costumbre de colocar calderas de gas. Pasar masivamente a las bombas de calor requiere formación y un cambio de herramientas.

Hay también una incertidumbre sobre los plazos de suministro. Si la demanda explota y la oferta no sigue, los precios van a subir y los plazos a alargarse. Ya ha ocurrido con otros equipos.

Perspectivas y alternativas a vigilar

Los otros modos de calefacción compatibles

El gas desaparece de lo nuevo, pero otras opciones siguen autorizadas. La calefacción de madera, bajo ciertas condiciones, sigue siendo posible. Una estufa o una caldera de madera con una etiqueta Flamme Verte 7 estrellas sigue siendo elegible.

Las redes de calor urbanas, alimentadas por geotermia o biomasa, son fomentadas. La solar térmica puede también venir en complemento de una instalación principal.

La idea es salir de las energías fósiles, no apostarlo todo a la electricidad.

Evolución probable de la reglamentación

La prohibición solo toca lo nuevo por ahora. Pero la extensión a lo antiguo podría llegar a medio plazo. La señal ya está enviada con el fin del IVA reducido sobre las calderas de gas eficientes.

La reglamentación ambiental RE2020 va también a endurecerse progresivamente. Las exigencias de aislamiento van a subir, lo que hará los edificios más compatibles con las bombas de calor.

A nivel europeo, una armonización está en curso. Otros países europeos ya han tomado medidas similares.